“Si pudieras hablar con tu yo más joven, ¿Qué le dirías?”

Si pudiera sentarme frente a mi yo niña… esa de corte honguito, ojos grandes y corazón lleno de preguntas que nadie respondía, le diría:
“Primero, respira. No estás loca. No eres rarita. No eres defectuosa.”
Eras una niña autista nacida en un mundo que exigía perfección a la nieta de una abuela que nunca se conformaba, aunque te costara la vida. Te pedían que fueras normal, callada, obediente y sonriente, mientras por dentro te rompías en pedazos. No era tu culpa. Nunca lo fue.
Le contaría que aquel sujeto que nos hizo tanto daño ya no podrá lastimar a ninguna otra niña. Que se colgó. Y que sí… ese día brindamos con cerveza, y esa cerveza supo a justicia fría y a liberación. Porque aunque nunca vimos su sufrimiento, por fin pudimos empezar a sanar el nuestro.
Le diría que nuestro cuerpo nos traicionaría demasiado pronto. Que el dolor llegaría antes de lo que cualquier niña debería conocer. Pero que, aun así, somos guerreras. Como Mulan, como todas esas heroínas que admirábamos en secreto: seguimos caminando aunque duela, aunque se caiga el mundo, aunque nos fallen las fuerzas. No nos rendimos.
Y por último, con una sonrisa que solo ella entendería, le susurraría:
Aguanta, pequeña. Un día vas a encontrar tu manada. Vas a conocer personas que no te pedirán que uses máscara. Vas a encontrar el amor de tu vida y amistades con las que podrás ser rara, intensa, profunda y auténtica… y te van a amar exactamente así. El bosque que tanto buscabas existe. Y un día vas a sentarte en él, rodeada de tu gente, y vas a sentir que por fin llegaste a casa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario