3 jun 2026

cómo existir dignamente en una ciudad diseñada claramente para otra especie


Hay algo que nadie le advierte a las elfas cuando abandonan el bosque y terminan atrapadas en ciudades llenas de cemento, ruido y calor infernal.

La vida urbana es hostil.

No de manera épica, claro. No hay dragones atacando edificios ni nigromantes invocando esqueletos en las oficinas (aunque algunos jefes tienen energía de villano secundario de RPG).
La verdadera batalla consiste en sobrevivir cosas como:

  • calles llenas de carros gigantes,

  • motos apareciendo de la nada,

  • volquetas del tamaño de una fortaleza medieval,

  • luces blancas que parecen interrogatorio policial,

  • y temperaturas claramente diseñadas por algún dios maligno del desierto.

Especialmente el calor.

Necesito dejar esto por escrito como documento histórico: odio el calor con toda mi alma. (¬_¬")

No es una incomodidad pequeña ni una “ay, qué clima tan cansón”.

No.

Es una enemistad ancestral. (la disautonomía y el sincope vasovagal + las migrañas hacen que esto sea personal)

El calor derrite mis pensamientos, mi paciencia y probablemente mis últimos deseos de convertirme en un miembro funcional de la sociedad. Hay días donde siento que mi cerebro empieza a funcionar como una pestaña de Chrome con 37 videos abiertos y un ventilador agonizando de fondo.

Y aun así tengo que salir.

Montarme en mi motico eléctrica y atravesar la ciudad entre carros enormes y volquetas que pasan al lado como si estuvieran participando en una misión de GTA de nivel legendario.

A veces genuinamente siento que voy en una aventura de bajo presupuesto:
“la elfa urbana atraviesa el reino industrial en su corcel eléctrico mientras evita morir atropellada por maquinaria pesada”.

Y honestamente… un poco sí.

Ni siquiera sé cómo explicar el nivel de agotamiento que produce existir en una ciudad ruidosa cuando uno por dentro claramente fue diseñado para vivir en un bosque frío leyendo libros, tomando té y hablando con criaturas mágicas.(que lindo es soñar)

Y ni hablar de las migrañas.



Las migrañas son básicamente debuffs mágicos permanentes.
Un día estás relativamente funcional y al siguiente cualquier luz fuerte te convierte en un vampiro moribundo buscando oscuridad y silencio como si fueran objetos legendarios.

Pero creo que las elfas urbanas desarrollamos métodos extraños de supervivencia.

Por ejemplo:

  • audífonos = barrera mágica protectora,

  • café o Coca-Cola = poción de energía,

  • blogs personales = refugios clandestinos,

  • videojuegos = descanso en la taberna,

  • y los amigos correctos = party necesaria para no perder cordura. (mi esposo y su infinita paciencia cuando soy un vampiro cascarrabias huyendo de la luz )

Porque honestamente, una de las pocas cosas que hacen soportable el caos moderno es encontrar pequeños lugares donde todavía puedas existir despacio.

Un blog.
Una conversación rara de madrugada.(cuando me gana el insomnio y charlo con mi amiga en japon)
Una canción que te entiende demasiado.
Una partida de rol absurda.
Un comentario bonito en internet. (amo que ustedes me dejen comentarios)(*ᴗ͈ˬᴗ͈)ꕤ*.゚
Un momento de silencio después del ruido.

Supongo que por eso sigo escribiendo aquí.

Porque aunque la ciudad esté llena de caos, concreto, deadlines absurdos y calor salido directamente del infierno… todavía quiero creer que se puede encontrar un poquito de magia entre todo eso.

Aunque sea escondida.

Aunque sea pequeña.

Aunque venga manejando una moto eléctrica entre volquetas mientras sobrevivo a otra misión secundaria de adulta funcional.

Atentamente:
una elfa claramente diseñada para vivir en un bosque y no en el parche industrial de un MMORPG.





1 jun 2026

Diseña tu propia fursona! reto # 16

 Creo que mi fursona sería alguien llamada Lunaris 


Es una mezcla entre zorro ártico, cierva y felino; una criatura nocturna con una apariencia suave y elegante, pero con una energía curiosa y ligeramente caótica. Tiene pelaje color crema, ojos verde esmeralda y pequeñas marcas luminosas que brillan en la oscuridad como si fueran runas.

La imaginé como una especie de “elfa urbana”: alguien que vive entre el mundo cotidiano y uno más mágico. Ama la lluvia, los libros, las luces cálidas, las conversaciones extrañas a medianoche y coleccionar cosas brillantes sin darse cuenta.

Su ropa tiene una estética fantasy/cottagecore con capas verdes, accesorios dorados, hojas, lunas y pequeños detalles botánicos. Siempre lleva consigo un libro viejo, una taza de té y probablemente algún objeto encantado que encontró por accidente.

Entre sus habilidades estarían:

magia de naturaleza

desaparecer entre niebla

encontrar objetos perdidos

hablar con pequeños espíritus del bosque

Y aunque parece tranquila, siento que también tiene esa energía de “me pierdo en un bosque encantado durante tres días y regreso como si nada hubiera pasado”.

La verdad me divertí muchísimo diseñándola porque terminó sintiéndose muy “yo”, pero en versión criatura fantástica



26 may 2026

Reto #14: Entrada del Diario: La Dulce Rutina

El reto "Romanticizing my life" (Small Joys)




Despierto a las 7:30 con el cuerpo aún envuelto en una pereza deliciosa. Las sábanas conservan el calor de la noche y el aroma suave de mi amor durmiendo a mi lado. Me quedo un rato más entre las almohadas, disfrutando de esa flojera que casi me roba toda la mañana. Nymeria duerme plácidamente en su rincón, apenas moviéndose. Solo se escucha su respiración tranquila. No es de mañanas efusivas, y me encanta respetar su ritmo.
Finalmente me levanto. El beso de despedida a mi amor es lento, profundo, de esos que saben a “te veo pronto”. Salgo de casa con el corazón lleno y el alma todavía un poco dormida.



A las 8 llego al trabajo. El aire con olor a papeles viejos del lugar me recibe junto al silencio de las mañanas. Me siento frente a la pantalla y reviso los correos corporativos mientras la música me acompaña: unos días José José con su voz aterciopelada llenándome el pecho, otros Cuarteto de Nos con su sarcasmo inteligente que me hace sonreír. Por la ventana observo a la pareja de torcazas que ha anidado en la cornisa. Las veo turnarse con paciencia infinita para empollar sus huevos, moviéndose con esa calma antigua que me serena en medio de la soledad del lugar.

 Llega el mediodía, mi momento más sagrado del día.

Almorzamos y después nos recostamos en la cama: mi esposo, yo y nuestro gato enano, que se enrosca entre nosotros con un ronroneo grave y vibrante. El ventilador gira despacio, la luz se filtra suave por las cortinas y el aire huele a hogar, a piel tibia y a amor tranquilo. Son solo unos minutos robados al tiempo, pero se sienten como un pequeño paraíso. Beso a mi amor, acaricio la cabecita del gato y, con pena, nos levantamos cuando ya casi son las dos.



De vuelta en la oficina, el calor de la tarde cae pesado. Prendo el ventilador y siento el aire fresco rozándome la nuca y los brazos. Me sumerjo entre papeles y archivos, imaginándome como una escriba de una época fantasiosa, rodeada de tinta, sellos y antiguos secretos. La música sigue sonando bajito. Entre una tarea y otra, leo las entradas de mis amigos en Blogger o las actualizaciones del archivo general.



es jueves así que termino la jornada, empaco mi uniforme y cinturón, cambio mis zapatos por los de entrenamiento. Mi amor me espera en la moto. Subo atrás, me abrazo a su cintura y mientras recorremos las calles charlamos del día: anécdotas, risas y planes pequeños. El viento en la cara y su cuerpo contra el mío se sienten como pura felicidad.

Llego a la academia. Saludo a mis amigos y compañeros con abrazos y bromas. Entrenamos con energía, sudor y muchas carcajadas. Nos hacemos bullying cariñoso, nos picamos y nos apoyamos. Esa complicidad me recarga el alma.

Regreso a casa ya de noche. Apenas abro la puerta, Nymeria se acerca con paso suave pero decidido. Su pelaje café rojizo brilla bajo la luz cálida de la sala. Se pega a mis piernas, levanta la cabeza y me mira con esos ojos claros que lo piden todo. Me siento en el sofá un rato y ella sube a mi lado, apoyando su cabeza grande y pesada sobre mis piernas. Hundir mis dedos en su pelaje es como tocar seda tibia y espesa. La acaricio despacio, con caricias largas y firmes, y ella suelta esos suspiros profundos y guturales tan característicos de los huskies, llenos de placer y entrega. Ese es nuestro momento del final del día: solo ella y yo, cansadas pero contentas.



Después me quito la ropa sudada, entro a la ducha y dejo que el agua caliente se lleve todo el cansancio. Me pongo el pijama, tomo mi sedante y me meto en la cama. Antes de entregarme por completo a los brazos de Morfeo, abro Brawl Stars y termino mis misiones diarias.

Y así termina otro día.

Una rutina sencilla, a veces agotadora, pero llena de amor: en los besos de mi esposo, en los ronroneos del gato, en las caricias silenciosas de Nymeria al final del día, en la música que me acompaña y en esos pequeños rituales que hacen que todo valga la pena.